La grandeza humana del doctor Verdecia

El protagonista de esta historia es el Doctor en Medicina Osvaldo de la Concepción Verdecia Aguilera, Especialista de Segundo Grado en Urología, en el Hospital Clínico Quirúrgico Lucía Íñiguez Landín, de la provincia de Holguín, ser especial cuya grandeza humana lo llevaron a cumplir varias misiones en el continente africano y por su trayectoria médica excepcional ostenta la Condición al Mérito por la Obra de Toda la Vida.

El cuarto hijo de los seis que trajeron al mundo José y Caridad nació el 8 de diciembre del 1952, en el municipio holguinero de Gibara. Insiste en que cuando se escriba su nombre nunca se obvie el de la Concepción: “Mis padres me pusieron el de la Concepción porque nací el día de la inmaculada”.

Cursar la secundaria básica lo trae de Gibara hacia Holguín y es en la escuela Juan José Fornet Piña donde se instruye a ese nivel. Años más tarde el Instituto Preuniversitario Carlos Marx, en ciudad de La Habana, se convierte en la antesala de sus estudios universitarios.

Para entonces ya se inclinaba por la Medicina, carrera que inicia en 1972 en Santiago de Cuba. El cuarto año lo realiza en la ciudad de Holguín, que para entonces ya tenía su propia Universidad para el estudio de especialidades médicas.

Pero ocurrió un acontecimiento inesperado: “Transcurría el año 1975, cuenta, rotaba por la sala de psiquiatría del Hospital Provincial Vladimir Ilich Lenin cuando me avisan que un oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) quería reunirse con nosotros…nos preguntaron si estábamos dispuestos a cumplir misión en Angola, todos los allí presentes aceptamos”.

El entonces joven de 23 años partió para el país del suroeste africano sin concluir sus estudios, se fue como sanitario a asistir tanto a cubanos como a angolanos. Nos hace partícipe de uno de los acontecimientos trascendentes vividos aquellos días:

“Era el 4 de febrero de 1976, íbamos en caravana, yo viajaba en el quinto camión con 30 compañeros, entre ellos, mi suegro en aquel momento. Caímos en un campo minado, explotó una mina y cuatro compañeros resultaron con heridas graves por quemaduras. Yo volé por el aire y caí en tierra inconsciente. Cuando recuperé el conocimiento vi la candela que venía hacia mí, la evadí tirándome en un riachuelo cercano. Para evitar que el enemigo me viera corté un palo de una planta en forma de tubo que crece en esos lugares (paragüito), para respirar sumergido en el agua. No me fue difícil porque sabía nadar bien, me crié en Gibara rodeado de mar.

“Estuve un mes ingresado en el hospital María Pía, de Luanda, en la explosión se me afectaron los miembros inferiores, sufrí fractura, aplastamiento de la IV vértebra lumbar y lesiones en ambas rodillas. Quedé con inestabilidad articular lo cual no me impidió terminar la misión”.

Su última tarea operativa fue custodiar un avión en un lugar conocido como Alturas de Paiva. En agosto de 1976 se encontraba en Matala cuando el alto mando le comunicó el fin de su cometido: “Cuando vine para Cuba tuve que estudiar mucho para sacar la carrera, hice dos años en uno, así me gradué”.

Al año siguiente de estar en Cuba es padre por segunda vez; nacía la pequeña Katia, también continuó sus estudios para especializarse, en el año 1978, en Gineco-Obstetricia, primera especialidad que desempeña en hospitales de Mayarí y Gibara.

Superación e investigación son afanes que acompañan al doctor Verdecia, que en mayo de 1985 obtiene otra titulación, esta vez, en Urología, desde entonces su mayor dedicación, de ahí que se convirtiera en pionero en la introducción en Holguín de las técnicas quirúrgicas de radical de próstata y sustitución vesical con intestino.

Zambia se convierte en su segunda misión en el año 1988, donde permaneció hasta 1990: “La colaboración la realicé en el hospital de Kitwe, una de las principales ciudades al norte del país. De allí me impactaron experiencias como el donar mi sangre de manera directa, brazo a brazo para poder salvar la vida de una paciente que llegó con una rotura uterina con peligro grave para su vida”.

Namibia, entre el 2007 y 2009 ponen a prueba nuevamente su vocación altruista: “Allí fui jefe de la brigada médica, cumplí la misión en el Hospital Central de la capital (Windhoek), donde contribuí en la formación de estudiantes de Sudáfrica y Alemania. De allí traje dos cosas importantes para mí, el Reconocimiento al Mérito por mi trabajo, junto con una bandera de terciopelo de la SWAPO que me obsequiaron, y 20 kilos de piezas para un salón de operaciones que doné al hospital de Gibara, no solo porque es mi terruño, sino porque estando en Namibia supe de los azotes del ciclón Ike (2008) al pueblo”.

Una experiencia más reciente de colaboración médica fue en Kenia, donde permaneció entre marzo del 2018 a diciembre de 2020. Además de ofrecer atención médica, impartió docencia a residentes en Urología y realizó más de 300 cirugías.

Habla con regocijo sobre sus años de labor en el Hospital provincial Vladimir Ilich Lenin, “de su Holguín querido”: “Allí me gradué, fue mi primer centro laboral, donde me hice especialista en Urología y me otorgaron la condición al mérito por la Obra de Toda la Vida”.

De su consulta en la puerta número 9 del Hospital Clínico Quirúrgico hay testimonios, como el de la enfermera Yamilet Silva, que lo describen consagrado, alguien que no tiene horarios para el trabajo y se va a los municipios de Rafael Freyre y Gibara a operar para que los pacientes no tengan que trasladarse hasta Holguín, profesional de excelencia y persona generosa.

Su esposa María Esther lo define como “su sol, solidario al punto de compartir las meriendas con los pacientes, de atender en casa a quienes lo esperan, luego de su jornada de trabajo”.

Por su edad lo enviaron a casa por la epidemia del  nuevo coronavirus, pero asiste a operaciones de urgencia y se ha convertido en el médico de cabecera del vecindario. Los compromisos con la familia son importantes para quien define a sus cuatro hijos como su vida y se enorgullece de ser abuelo de cinco retoños. Aun así mantiene su disposición para cumplir otras misiones si fueran necesarios sus servicios. A sus 69 años de edad no piensa en el retiro: “No me jubilo, me siento bien, activo, aún sigo investigando”.

Fuente: Ahora.cu

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