Todo por amor

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El segundo trasplante renal con donante vivo no consanguíneo (entre cónyuges) realizado en Cuba y primero fuera de la capital del país se practicó ayer en el hospital clínico quirúrgico Lucía Íñiguez Landín. En esta oportunidad fue de esposo a esposa, de Carlos Manuel a Bárbara, matrimonio de casi tres décadas de relación.Esta es una historia de amor; del más puro amor entre una pareja unida hace casi tres décadas, desde que los ojos verdes de la muchacha de 14 años de edad deslumbraron al joven de 26, que recién llegaba de un curso de la antigua República de Checoslovaquia.

Bárbara Rafuls Pérez y Carlos Manuel Guillén Ricardo noviaron poco más de un año, para después jurar ante notario estar juntos siempre “en las buenas y las malas”. A fuego lento y con brazas de cariño y entendimiento construyeron su hogar y su familia hoy fructificada con dos hijos y un nieto.

Pero la vida puso a prueba el amor fomentado entre ambos – la más dura en relación del matrimonio- así la catalogaron ambos poco antes de convertirse en la segunda pareja de conyugues protagonistas de trasplante renal con donante vivo no consanguíneo en Cuba y la primera fuera de la capital del país. A ella, hace nueves meses le habían diagnosticado una insuficiencia renal crónica (Irc) grado V.

“Abruptamente comencé a tener presión alta acompañada de inflamación en las piernas y el rostro; decaimiento y otros malestares. Un chequeo médico en el consultorio revelaron niveles muy altos del ácido úrico y de creatinina, que llegó a sobrepasar los mil 72. Fui remitida a la consulta de Nefrología del Hospital Clínico donde comenzaron a atenderme los doctores Pascual y Reynaldo, después Miralis y Abel”, recordó Bárbara desde su cama en la sala 4to H el martes pasado.

“En agosto nos dijeron que tenía tres opciones de tratamiento: diálisis, hemodiálisis y trasplante. Dicha esa última palabra de los médicos escuché una voz inconfundible- la de Carlos-, que ofrecía uno de sus riñones sanos para salvarme. Abel le contestó que era la mejor opción, pero no estaba permitido en Cuba”, recuerda Bárbara.

Ante esta situación los especialistas optaron por hacerle diálisis, pero no dio tiempo a prepararla, pues el estado de la paciente empeoró. “Tenía muchos vómitos, decaimiento, presión muy alta o baja. No podía esperar más, por lo cual decidieron por la hemodiálisis. La primera fue el 17 de septiembre, cumplía 27 años de casada ese día.

“Desde entonces me he visto muy mal en múltiples ocasiones con ingresos hospitalarios prolongados. En marzo de este año comencé a mejorar, aunque las sesiones de hemodiálisis son jornadas muy embarazosas. Tres a la semana…”.

Carlos Manuel absorto en sus pensamientos hasta ese momento acota: “Desde que ofrecí mi riñón nunca dudé ni tuve momento de flaqueza, por eso me mantuve insistiendo. Tras el 17 de septiembre de 2015 cuando salió publicado en la Gaceta Oficial de la República de Cuba el Reglamento para la donación y trasplante de órganos y tejidos en donantes vivos retomé más firmemente mi decisión, hasta que el 13 de mayo mediante escritura en notaria hice firme y legal mi consentimiento”.

Hechos todos los estudios de compatibilidad y tener consultas con otros muchos especialistas, como sicólogos, cardiólogos y anestesiólogos fue fijado el 27 de mayo para practicar la intervención quirúrgica. Los dos ingresaron desde el lunes en la Sala de Trasplantología para cumplir con todo el protocolo exigido en estos casos. La enfermera Marina García, del Centro Coordinador de Trasplantes, se encargó desde entonces de que no faltara ningún estudio.

Con besos en ambas mejillas se despidieron Bárbara y Carlos Manuel antes de entrar en los quirófanos cuatro y siete de la Unidad Quirúrgica del “Clínico”. Ya el equipo multidisciplinario, que haría la extracción del órgano al donante, el trabajo de banco y posteriormente el injerto a la receptora, ultimaban detalles para comenzar los actos quirúrgicos.
Exactamente a las 9:30 de la mañana ya los anestesiólogos Juan Gustavo Fernández, Miguel Ángel Gómez e Idaer Batista tenían preparado al paciente cuando el urólogo Roberto Cruz Mayo, jefe del grupo, inicia la extracción junto al cirujano Yaniel Pérez Cedeño; en esta ocasión los acompañan los doctores manzanilleros Esteban Blanco y Eduardo Morán Andraca llegados acá para adquirir experiencia.

Mientras, en el quirófano siete ya el doctor Juan Carlos Gámez Cruz con la cooperación de otros del grupo, entre ellos, los licenciados Jorge Marrero Salso, Ana Elsa Nogueira, Margarita Chávez, Yoandry Díaz y Zoraida Vega tenían lista a Bárbara, quien aguardaba por el riñón de su esposo. Ningún contratiempo en la extracción del órgano que una vez fuera es llevado al banco de preparación para asegurar el éxito del implante.

¡Ya está listo!”, advierte el doctor Mayo. Es momento de comenzar el segundo y riesgoso acto. Yaniel y Juan Carlos, a decir de muchos, mano derecha e izquierda del jefe del equipo, comparten con Mayo esta otra operación. Bisturí y pinzas se mueven entre las manos de los expertos parece un acto cronometrado. Llega el momento de colocar el riñón sano de Carlos Manuel dentro de la parte baja del abdomen de Bárbara…conectan las arteria y vena del nuevo órgano a la arteria y la vena en la pelvis de la esposa… Los minutos vuelan y poco a poco se ve “inflarse” el órgano donado. La sangre circula a través del nuevo riñón…La cirugía ha terminado son las 12:45 del mediodía. El equipo está exhausto, pero sus rostros muestras satisfacción. Ha sido un éxito.
Los pacientes están en fase de recuperación. Bárbara ha comenzado a dejar atrás la pesadilla que la ha acompañado durante nueve meses. Recuerdo en este instante la recomendación de ambos: “No deje de escribir nuestro agradecimiento infinito al equipo médico y personal de apoyo que nos ha atendido en todo este tiempo y en especial a los que intervinieron en la operación”.

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